Saltar al contenido
Ahora ¡Que Bryan Ruiz firme ya!
Opinión

Julián, volvé a casa

Por ·
Screenshot

A Julián Valverde lo conocimos durante la pandemia, a través de TikTok. Vivía en un sótano y nos contaba su historia, sus dificultades y cómo era su vida en Estados Unidos. Trabajaba arreglando techos y, aunque confesaba que le tenía miedo a las alturas, decía que estando allá no le quedaba de otra. Eso sí, siempre con una sonrisa y una actitud positiva que terminó conquistando a miles de costarricenses.

Sin embargo, la realidad de Julián hoy es completamente diferente. Aquel muchacho que compartía sus experiencias desde un sótano se convirtió en una de las figuras más queridas y conocidas de las redes sociales costarricenses.

Y ese es, precisamente, el superpoder de Julián: el cariño de los ticos.

No sé si su contenido es el más profesional, el mejor producido o el más elaborado. Pero lo cierto es que su carisma ha sido suficiente para convertir muchos de sus videos en fenómenos virales. Incluso hay quienes apoyan a Antuan simplemente porque Julián lo apoya. Así de grande es la influencia que ha conseguido.

Por supuesto, ese cariño también representa una responsabilidad. Julián tiene que cuidarlo. Todos recordamos lo que ocurrió con Kavvo, otro personaje que, más allá de su talento, había conseguido ganarse el afecto de muchísima gente. Lamentablemente, después de que se hiciera pública una conversación, perdió parte de ese respaldo que tanto cuesta construir.

Pero volviendo a Julián.

Julián ya no es aquel chiquillo que se fue con una mano atrás y otra adelante, esperando que las cosas salieran bien. Aquel muchacho que intentaba mantener una buena actitud a pesar de las dificultades y que muchas veces nos contó, sin ninguna vergüenza, que lloraba porque extrañaba su tierra, su familia y su gente.

Hoy, en octubre de 2026, la historia es diferente. Julián tiene el cariño, el reconocimiento y una comunidad que lo sigue desde cualquier lugar donde se encuentre.

A muchos se nos salió una lagrimita cuando vimos las imágenes de Julián en televisión, vestido de anaranjado, frente a un juez, con aquellas famosas chancletas del mismo color y una mirada que reflejaba tristeza. Fue una imagen muy distinta a la del muchacho sonriente que acostumbramos ver en sus videos.

Sin embargo, mientras algunos veían con preocupación lo que estaba ocurriendo, otros encontramos en esta difícil situación una posibilidad que quizás antes parecía lejana: su regreso a casa.

Y es aquí donde quiero detenerme.

Quizás lo positivo de todo esto sea precisamente esa oportunidad de volver. De reencontrarse con su gente, con sus raíces y con ese país al que tantas veces ha demostrado cuánto extraña.

No sé si su destino será San Rafael de Desamparados, de donde es oriundo, o cualquier otro rincón de Costa Rica. Porque Tiquicia es pequeñita, sí, pero esconde tantos lugares hermosos que a veces parecen infinitos.

Lo importante es que hoy Julián no tendría que empezar de cero. Ya tiene algo que muchísimas personas pasan toda una vida intentando conseguir: el cariño sincero de la gente.

Y aunque seguramente todavía tenga sueños por cumplir y muchas metas por alcanzar, quizás sea momento de preguntarse si realmente necesita seguir tan lejos de su tierra para conseguirlos.

Julián, aquel muchacho que conocimos durante la pandemia ya recorrió un camino enorme. Se ganó nuestro cariño, nos hizo reír, nos contó sus tristezas y nos permitió acompañarlo en buena parte de su historia.

Julián, ya lo conseguiste. ¿Qué más te falta?

Volvé a casa.